BERTA, TU ESENCIA PERVIVE


TEGUCIGALPA.- Las calles de La Esperanza, en el occidente de Honduras, se convirtieron en un río de gente para despedir este sábado a Berta Cáceres, una mujer valiente, asesinada el 3 de marzo,  pese a que tenía medidas cautelares. La violencia en Honduras ha silenciado la voz de aquella veinteañera de piel color canela, rebelde y valiente que surgió en los años 90 del siglo pasado, quien decía que a través de su madre aprendió a conocer los ríos de su región, con los que hablaba.berta-caceres-770x470

En su lucha en defensa de los ríos y demás recursos naturales, fue terca y valiente más que todos los de su etnia lenca juntos, por la que también comenzó a luchar desde que era una adolescente.

A sus honras fúnebres asistieron miles de hondureños, incluso muchos que no le conocieron y que hasta ahora, cuando desde todas partes del mundo se ha expresado repudio por su asesinato, se han enterado de que fue una figura conocida internacionalmente.

No supieron muchos que ella comenzó en su adolescencia a tener una mayor conciencia sobre la importancia de los bosques y los ríos, y que defenderlos era defender la vida de su pueblo.

Antes de que con un grupo de jóvenes de su edad, entre ellos su exmarido, Salvador Zúniga, fundaran en 1993 el Comité de Pueblos Indígenas de Intibucá (COPIN), Cáceres ya tenía conciencia social y crítica, y había definido cuál sería su lucha, con su palabra como única arma, para denunciar la destrucción de los recursos naturales.

Algunos hondureños comenzaron entonces a conocer a Berta Cáceres, aunque la figura más visible al frente del COPIN era Salvador Zúniga, de quien en una ocasión comentó que “a veces es muy emotivo” en la lucha de la etnia lenca que vive en el occidente de Honduras, una de las zonas más pobres del país centroamericano.

Berta Cáceres en su movimiento COPIN, que después pasó a ser el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), era más pensamiento y acción, haciendo un trabajo de obrera con lo que contribuyó a que los lencas fueran conocidos por sus compatriotas no solamente en los textos de estudio en las aulas.

Quizá nadie como ella, que era la coordinadora del COPINH, hizo trascender tanto a nivel nacional e internacional la situación de pobreza, falta de tierras y marginalidad en que durante muchos años han vivido los lencas.

El propio Salvador Zúniga, con quien procreó cuatro hijos, en las honras fúnebres le pidió perdón a su otrora “Bertita” por no haber podido comprender su “grandeza”.

La violencia criminal en Honduras, que en promedio deja unos 13 muertos diarios, ha puesto fin a la existencia de la Berta Cáceres, que encabezó las primeras peregrinaciones indígenas del pueblo lenca a Tegucigalpa para exigir al Legislativo y el Ejecutivo conquistas sociales y respeto a todos sus derechos.

Amplificó las voces de los indígenas

El director de la Agencia Audiovisuales y Análisis de Prensa (AAP), Manuel Torres, indicó que Berta Cáceres “fue una dirigente que amplificó las voces de los indígenas lencas”.
Agregó que la dirigente ambiental e indígena “también contribuyó a rescatar a ese pueblo de una especie de prehistoria en la que estaba sumido por intereses que les niegan la condición de sujetos y los reducen a objetos de manipulación y experimentación”.

Berta Cáceres, quien fue asesinada en su casa, en la ciudad de La Esperanza, departamento de Intibucá, un día antes de que cumpliera 45 años, también llevó su voz a varios países de América y Europa.

Por su lucha a favor de la naturaleza recibió reconocimientos internacionales como el Premio Goldman de Medio Ambiente, el 20 de abril de 2015, en Estados Unidos.

Torres también recordó que “Berta, con su carácter solidario y entusiasta de las marchas indígenas a Tegucigalpa, reveló para el resto de la sociedad el dolor de los lencas y ese estado de emergencia permanente en que aún se encuentran”.

Fue una mujer indígena del pueblo Lenca, la mayor etnia indígena de Honduras que, desde siempre, defendió el territorio Lenca y los derechos de su pueblo desde hace más de 20 años.
Fue  de las voces más importantes que se alzó por la justicia social, la administración de los recursos naturales y los derechos de la mujer en Honduras.
Fue una de las directoras fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).
Ha estado al frente de una campaña contra un mega complejo de cuatro enormes represas en la cuenca del Río Gualcarque, denominado Proyecto Agua Zarca.
Ha pagado un alto precio por su labor por los derechos humanos: sufrió amenazas, intimidación y ataques y el asesinato de dos de sus colegas. Ella misma fue blanco de numerosos procesamientos vejatorios, de cárcel. Berta Cáceres fue una de las más respetadas defensoras de los derechos humanos de Honduras.
En Honduras formó parte de la resistencia ante la ofensiva contra los pueblos indígenas del istmo y la apropiación de sus territorios ancestrales para la construcción de hidroeléctricas, minería, mega proyectos turísticos o biopiratería. Las élites regionales y los inversionistas extranjeros son los culpables.
Fue un referente esencial en defensa de los territorios, espiritualidad y cultura, la autonomía y la Vida, frente a los proyectos extractivos que violentan los Derechos de los Pueblos Indígenas estipulados en la Declaración de Naciones Unidas.
Recibió en Alemania el premio “Shalom” otorgado cada año a “quienes luchan por la justicia y por la paz en el mundo y muchas veces arriesgan su vida a causa de su compromiso”, y fue finalista del premio Front Line Defenders de Irlanda. En abril de 2015, Berta Cáceres fue galardonada con el Premio Medioambiental Goldman el máximo reconocimiento mundial para activistas de medio ambiente.

En su condición de Coordinadora del COPINH, por su coraje, persistencia, claridad, sabiduría en la defensa de los Derechos del Pueblo Lenca y además pueblos originarios de Honduras. Por su muy destacada participación en la resistencia contra el Golpe de Estado en Honduras, contra los ataques a las comunidades indígenas y negras de los golpistas y la oligarquía avariciosa de Honduras, por su acompañamiento continuado a las comunidades que no han aceptado el saqueo de sus territorios con imposición de proyectos destructores de los bienes comunes. Por su capacidad para unir las luchas anticapitalistas, con las luchas contra el patriarcado, el racismo, la homofobia, el colonialismo. Por ser una referencia ética y luminosa de la lucha por preservar a plenitud a la Madre Tierra.

Dice Berta:
¡ Los pueblos indígenas somos fuertes! A pesar de 522 años de lucha, de opresión, de esclavitud, de exterminio, existir hoy como pueblos quiere decir haber demostrado la fuerza que tenemos.
Y los pueblos indígenas lo han demostrado no solo en la resistencia directa, sino en todas sus propuestas de vida, de una producción común, de la soberanía, en el sentido territorial pero también de sus saberes, de su cosmovisión, de su espiritualidad.
Para nosotros no ha sido fácil, actualmente los pueblos indígenas que luchan por su sobrevivencia se enfrentan a poderes aún peores que hace 500 años.
La esclavitud que estaba entonces con cadenas, ahora es también una esclavitud cultural. Ante estos desafíos hacemos resistencia, luchamos, nos organizamos, nos articulamos y nos enfrentamos a retos tan tremendos como son la pobreza, la miseria, la exclusión total de un sistema racista que lo es en todos los ámbitos, incluso en las instituciones y que es favorecido hoy por el golpe de Estado.
Luchamos contra los mega proyectos como la privatización hidroeléctrica, las inversiones turísticas en las playas y las montañas, la explotación minera, las leyes que favorecen y privilegian las transnacionales sobre todo en el sector de la minería y de los hidrocarburos.
Estamos en lucha contra la privatización, el capitalismo “verde”, que se impone a través de los proyectos REDD-PLUS, por la Unión Europea, el Banco Mundial, el BID, la USAID. Es una realidad tremenda porque vemos como los estados y los gobiernos juegan con la miseria, incluso la de los pueblos indígenas. Nos encontramos en el pleno de un proceso de lucha, de resistencia y de formación.
Las luchas fuertes ahora son por la defensa de los ríos, de los bosques, de los territorios, de la autonomía, contra las transnacionales, pero también tenemos una lucha frontal contra la militarización, la represión, contra todas las formas de opresión, no solo lo que viene de la oligarquía o de las transnacionales, sino también contra la opresión del patriarcado, contra el racismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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