LA DESAPARICIÓN DE LOS INSECTOS


Jonas Edward Salk (1914-1995), padre de la vacuna contra la polio, dijo una vez que si desaparecieran todos los insectos de la Tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida, y que si en cambio fueran lo humanos los que desaparecieran, en menos de 50 años florecerían el resto de las formas de vida del planeta.

¿Por qué es tan grave la desaparición de los insectos?

Se advierte de un tiempo a esta parte la alarmante pérdida de abundancia de insectos en todo el mundo. ¿La principal causa? el cambio climático. Es una verdadera llamada de atención sobre este fenómeno que podría ser mucho más grande y a través de muchos más ecosistemas.

En general, los insectos de todo el mundo se encuentran ante una crisis muy grave: En 2014, un equipo internacional de biólogos estimó que en los últimos 35 años, la abundancia de invertebrados, como las abejas y los escarabajos, bajó en un 45%. Y este problema se extiende más velozmente de lo que los científicos pensaban hace unos años.

Un estudio realizado en 2017 mostró una disminución del 76% de los insectos voladores en las últimas décadas de las reservas naturales alemanas, y que siguen disminuyen en picada. En dicho estudio se habla sobre la pérdida de estos animales en un bosque nacional de Puerto Rico. El biólogo americano Bradford Lister junto al ecólogo mejicano Andrés García así lo afirman y que llevan estudiado insectos de la selva tropical del país desde los años setenta.

Juntos, también midieron un grupo llamado artrópodos que incluye arañas y ciempiés. La biomasa de estos disminuyó desde 1976 hasta nuestros días a una cuarta u octava parte de lo que había antes. “Los invertebrados más comunes en el bosque (las polillas, las mariposas, los saltamontes, las arañas y otros) son mucho menos abundantes, todo está cayendo”, afirman.

El calentamiento global acelerado es responsable de la desaparición de un gran porcentaje de especies.

Y no sólo son los insectos, el estudio también demuestra que los animales que se alimentan de insectos del bosque también han desaparecido. En general, el número de insectívoros en la selva tropical va a la baja: menos pájaros, hay menos ranas y lagartijas. Las mariposas que solían abundar, ahora casi han desaparecido.

Atribuyen este fenómeno al clima en el bosque; la temperatura aumentó 4 ºC y los invertebrados que viven allí no pueden adaptarse a ese cambio. Los insectos no pueden regular su calor interno.

En las regiones templadas más alejadas del Ecuador, los insectos pueden sobrevivir a un rango más amplio a medida que aumenta su metabolismo, según advierte Scott Merril en otro estudio sobre la relación del cambio climático y los insectos. Pero después de un cierto umbral térmico, los insectos ya no ponen huevos, dijo, y su química interna se rompe.

El 35 por ciento de los cultivos de las plantas del mundo requiere polinización de abejas, avispas y otros insectos. Ellos son los custodios más pequeños del planeta, que trabajan en los puntos más desapercibidos o evitados.

La pérdida de insectos y artrópodos supone el desgaste más fuerte de la red alimenticia de la selva tropical, haciendo que las especies de plantas se extingan sin polinizadores.

Si los bosques tropicales desaparecen, será otro fracaso catastrófico de todo el sistema de la Tierra.

Los insectos son un elemento importante no sólo por su función en los ecosistemas terrestres, sino también por su influencia en las sociedades humanas. Desde los albores de la humanidad estos organismos han sido parte de la alimentación, la salud, la cultura y de los agroecosistemas no sólo como competidores, sino también como elementos pronosticadores y promotores de servicios ecosistémicos. Dado el creciente interés en la restauración ecológica y en modelos de desarrollo sustentables como la agroecología, los insectos se posicionan como un excelente punto de partida para desarrollar propuestas de desarrollo acordes con las necesidades de la sociedad actual.

El mundo experimenta serios problemas ambientales, como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la erosión y los cambios en el uso de suelo, que atentan contra la diversidad de especies, los servicios ecosistémicos y los sistemas de conocimiento tradicional relacionados con la naturaleza. Las predicciones sobre las tendencias del cambio en la cobertura forestal a nivel nacional, sugieren una disminución constante de los bosques, con una velocidad que no es precisada con exactitud. Ante esto, la expansión agrícola ha ejercido un efecto importante sobre el clima, los ciclos del agua, el carbono y el nitrógeno, las emisiones de gases de efecto invernadero y la biodiversidad. Paradójicamente los cultivos representan una serie de servicios ambientales poco evaluados y un sistema de conocimientos tradicionales que promueven la diversidad biológica, repercutiendo desde la diversidad genética hasta la diversidad del paisaje. En este sentido, los sistemas tradicionales de agricultura promueven distintas interacciones ecológicas que son vitales para los agroecosistemas, como la polinización, el almacenamiento de carbono, el reciclaje de nutrientes, la regulación de microclimas y de procesos hidrológicos y la regulación de la abundancia de organismos potencialmente dañinos para los cultivos, todo ello embebido en un marco social, cultural y ambiental.