Dia Mundial del Árbol – 28 de junio


Los Árboles

El exceso de dióxido de carbono (CO2) causado por muchos factores se está acumulando en nuestra atmósfera y está contribuyendo al cambio climático. Los árboles absorben el CO2, removiendo y almacenando el carbono al tiempo que liberan oxígeno al aire. En un año, un acre de árboles adultos absorbe la cantidad producida cuando usted conduce su automóvil 26 mil millas.

Hayedo de Otzarreta – Vizcaya

Absorben los olores y gases contaminantes (óxidos de nitrógeno, amoníaco, dióxido de azufre y ozono) y filtran las partículas contaminantes del aire, atrapándolas en sus hojas y corteza.

En un año, un acre de árboles adultos puede proporcionar oxígeno para 18 personas.

Los árboles refrescan la ciudad hasta 10°F, dándoles sombra a nuestros hogares y calles, interrumpiendo las “islas de calor” y liberando vapor de agua al aire a través de sus hojas.

Tres árboles colocados estratégicamente alrededor del hogar de una familia pueden recortar hasta en un 50 por ciento la necesidad de usar el aire acondicionado en el verano. Al reducir la demanda de energía para refrescar nuestros hogares, reducimos el dióxido de carbono y otros gases contaminantes producidos por las plantas de electricidad.

La sombra de los árboles disminuye la evaporación del agua de los céspedes sedientos. La mayoría de los árboles recientemente plantados necesita solo quince galones de agua por semana. A medida que los árboles transpiran, aumentan la humedad atmosférica.

Reducen el escurrimiento del agua, atrapando el agua de lluvia y permitiendo así que fluya por el tronco y a la tierra que está debajo del árbol. Esto evita que las aguas de lluvia se lleven los contaminantes al océano. Cuando se les coloca pedacería orgánica (mulch), los árboles actúan como una especie de esponja que filtra naturalmente el agua y la utiliza para alimentar el suministro de agua subterránea.

En las laderas de las montañas y las pendientes de los ríos y arroyos, los árboles ayudan a detener la escorrentía y mantener el terreno en su lugar.

El cáncer de piel es el tipo de cáncer más común. Los árboles reducen la exposición a los rayos UV-B en aproximadamente un 50 por ciento, proporcionando de ese modo protección a los niños en las escuelas y parques de juego, donde pasan mucho tiempo al aire libre.

Un manzano puede dar hasta 15-20 fanegas de fruta por año y puede plantarse en un lote urbano pequeñísimo. Además de la fruta para los humanos, los árboles proporcionan alimento para los pájaros y la vida silvestre.

Paulownia tormentosa o Árbol de la Vida

Los estudios han demostrado que los pacientes que pueden ver árboles desde sus ventanas se sanan más rápido y con menos complicaciones. Los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad muestran menos síntomas cuando tienen acceso a la naturaleza. Estar entre los árboles y la naturaleza mejora la concentración reduciendo la fatiga mental.

La vida secreta de los árboles

Recientes investigaciones demuestran que los individuos que habitan los bosques, en este caso, plantas y hongos, están conectados hasta formar casi un organismo en sí: el propio bosque, que vive de una red subterránea de intercambio de nutrientes y mutuos beneficios.

Se han hallado sólidas pruebas científicas de que los árboles son seres sociales que cooperan y se comunican. El bosque se comporta como un organismo interconectado a escala microscópica en una compleja trama subterránea. La clave de todo está más allá de donde alcanza la vista, bajo el suelo. Las raíces arbóreas  -que pueden expandirse entre dos y cuatro veces la distancia del diámetro de su copa- se entrelazan con los micelios, la masa de delgados filamentos subterráneos de los hongos, para formar gigantescas redes de información que transportan no solo agua y nutrientes, sino también mensajes de ánimo o de peligro.

Se comunican mediante su propio sistema. No son individuos que crecen por su cuenta con el fin de ser el más exitoso. Más bien, son parte de una red que está en constante interacción, donde la colaboración es lo primordial.

Bosques y/o plantaciones

Un estudio daba a entender que a diferencia de las forestas silvestres, las plantaciones carecían de vida, no eran más que hileras de árboles de la misma especie que crecían tristes, más despacio y con menos vigor que sus hermanos salvajes. “Igual que niños en un orfanato, privados del afecto de sus padres”, puntualiza en el documental Intelligent Trees Peter Wohlleben, técnico forestal que gestiona el bosque comunal de Hümmel, en Alemania, y autor del libro La vida secreta de los árboles (2017).

El poder de las micorrizas

Parece ser que en las plantaciones, la comunidad arbórea no interactúa con libertad. “Si se quitan algunas especies y se separan de sus vecinos, enferman y se hacen más vulnerables a los ataques de insectos. La respuesta podría estar bajo tierra. Y no solo en las raíces de los árboles, sino en la asociación de ayuda mutua que forman con las micorrizas, o redes entrelazadas de los micelios de los hongos y las raíces de las plantas.

Una micorriza es la “simbiosis de la raíz de una planta con un hongo. Este coloniza la raíz y recibe compuestos que la planta produce mediante la fotosíntesis. La relación es de beneficio mutuo, porque el hongo, a través de su extensa red de micelios, capta agua y minerales que transfiere a la planta”. Los hongos se enredan como una maraña de filamentos a lo largo de kilómetros bajo la superficie. “Las setas son solo el fruto, igual que las manzanas lo son del manzano. El cuerpo del hongo está en el subsuelo”.

A cambio de poder usar su eficiente autopista de información para comunicarse con todo el bosque, los árboles comparten con ellos azúcares y nutrientes.

Por las redes subterráneas de micorriza no solo circulan nutrientes entre los árboles, sino también señales bioquímicas que advierten de peligros, incluso  son mucho más resistentes a agentes patógeno y enferman menos.

Cuando algunos arboles son victimas del ataque de insectos suelen transmitir señales de estrés a través de la red de micorrizas a los árboles vecinos, y no solo a los de la misma especie. Estos, como respuesta, activan los genes que ponen en marcha las enzimas defensivas. Según la investigadora de la Universidad de Columbia Británica, “los árboles se envían mensajes químicos unos a otros para protegerse del ataque de un insecto o una enfermedad a base de fabricar tóxicos defensivos o resinas, o engordando su corteza”.

Secuoia sempervirens – Secuoya de California

En otro estudio, un bosque atacado por el escarabajo del pino de la montaña (Dendroctonus ponderosae). Los árboles moribundos les pasaban el legado a las nuevas generaciones, con información sobre cómo optimizar su sistema defensivo, de forma que los nuevos crecían más fuertes. Un hallazgo que, deberia cambiar la forma de gestionar las forestas: “Tenemos que ser cuidadosos y dejar de cortar los árboles enfermos lo antes posible para venderlos antes de que su madera se deteriore, porque entonces impedimos que pasen su sabiduría a los más jóvenes”.

Un equipo del departamento de Forestales y Ciencias de la Conservación de la Universidad de Columbia Británica encabezado por Suzanne Simard , se propuso cartografiar las conexiones bajo tierra de un bosque de abetos. Mediante técnicas de biología molecular analizaron el ADN e identificaron genotipos de árboles y hongos. Así, registraron una longitud media de 20 metros para los micelios –pequeños filamentos que hacen las veces de raíces de los hongos– y  encontraron “un abeto de 94 años de edad conectado con 47 árboles, mediante genotipos diferentes del hongo Rhizopogon sp”.

El valor de los árboles

Cada uno de ellos es un ecosistema en sí mismo, un ecosistema que hay que tratar de cuidar, del mismo modo en el que ellos nos cuidan. Son muy importantes para todos los nosotros, pues sin el oxígeno que expulsan sus hojas la vida en la Tierra sería muy distinta. La importancia de los árboles radica, pues, en que sin estas maravillosas plantas el planeta sería un desierto.

Los árboles, al igual que todas las plantas que tienen clorofila, realizan la fotosíntesis. Esto significa que absorben dióxido de carbono y expulsan oxígeno, para así convertir la materia inorgánica en materia orgánica, es decir, en alimento gracias al cual pueden crecer y desarrollarse correctamente.

¿cuánto aire respiramos al día?. Inspiramos y espiramos entre 5 y 6 litros de aire por minuto, que en 24 horas son entre 7200 y 8600. Gracias a este proceso, absorbemos el oxígeno y expulsamos el dióxido de carbono. Justo lo contrario que durante la fotosíntesis.

Alcornoque

Sin embargo, se necesitan 22 árboles para suplir la demanda de una persona al día. La deforestación nos está perjudicando a corto y a largo plazo, poniendo en riesgo nuestra propia supervivencia, y si no hacemos nada, la Tierra se quedará sin sus pulmones.

Árboles y plantas como método de combatir el efecto invernadero

La acumulación de gases en la atmósfera está haciendo que el clima en el planeta cambie más rápido de lo que no lo ha hecho nunca. El ser humano ha jugado un papel protagonista en esta historia, puesto que desde la Revolución Industrial ha ido contaminando más y más, destruyendo todo a su paso.

Los árboles absorben casi 22kg de dióxido de carbono cada año.

Los árboles previenen la erosión manteniendo la humedad del suelo. Lo hacen gracias a sus raíces, que profundizan en el mismo. De esta manera, la planta no sólo se mantiene bien anclada, disminuyendo el riesgo de que el viento pueda moverla, sino que además, evita que el terreno acabe sin vida.

En principio cualquier árbol que no necesite suelos fértiles (o, lo que es lo mismo, especies mediterráneas o aquellas que sean muy resistentes al viento).

La erosión es un problema muy serio, causado por el desgaste del suelo del viento y de las lluvias. Cuando no hay cubierta vegetal, los rayos del sol impactan directamente sobre él, el viento se lleva consigo los pocos nutrientes que le quedan, y cuando llueve de forma torrencial, podemos tener una zona totalmente inundada.