Contra el fuego prevención y Heroes de 900€ al mes (imagen de enlace)


 

Las políticas de hoy, evitarán los incendios del mañana

En España somos buenos apagando incendios forestales: el 65% de ellos son extinguidos en fase de conato (menos de 1 hectárea). Sin embargo, no lo somos evitando que se produzcan, es decir, en su prevención.

Llevamos años advirtiendo que muchos montes españoles son “bombas de relojería forestales”, listos para arder en grandes incendios devastadores ante una chispa. Si queremos evitar un futuro con incendios cada vez más grandes y devastadores, urge apostar por la prevención.

Hay menos incendios, pero son más destructivos, son superincendios casi imposibles de extinguir

Entre 2007 y 2016 ardieron de media cerca de 90.000 hectáreas al año, lo que supone una reducción del 33% respecto al mismo periodo de la década anterior. Si bien esta reducción es muy positiva, en los últimos 20 años el fuego ha
quemado una superficie equivalente a la de la Comunidad Valenciana.

Aunque el número total de incendios se está reduciendo, existe una amenaza creciente contra la que poco pueden hacer los servicios de extinción: los grandes incendios forestales (GIF).

Se considera gran incendio forestal, aquel en el que arden más de 500 hectáreas. Alimentados por el abandono de muchos montes, se están volviendo cada vez más grandes y destructivos: su tamaño ha aumentado un escalofriante 25% en la última década.

Son pocos (una media de 23 al año en el último decenio), pero en muy pocos siniestros se quema la mayor parte de la superficie forestal afectada cada año. Y esta tendencia se acentúa más.

Hace dos décadas, los GIF eran responsables del 27% de la superficie total afectada. Entre 2007 y 2016, ese porcentaje aumentó hasta el 37%. En 2016 el 50% de la superficie quemada lo hizo en un gran incendio forestal.

Esta cifra revela que, por mucho que avancemos en los dispositivos de extinción, el impacto de los GIF continúa en aumento y seguirá creciendo si no apostamos por la prevención.

2017 está siendo un año negro 

Cada año, desde WWF hacemos un seguimiento de los grandes incendios forestales que se producen en nuestro país, con el “Mapas del fuego”.

A la luz de los datos del  MAPAMA durante el período del 1 de enero de 2017 al 6 de agosto, este año está siendo especialmente dramático en cuánto a incendios forestales se refiere:

Nº grandes incendios: 14 (la media del número de Grandes Incendios Forestales durante el mismo periodo fue de 11 GIF)
Total de siniestros registrados hasta la fecha: 9.303 (un 22,26% más que la media de los últimos diez años, durante el mismo periodo)
Superficie forestal afectada: 71.896,88 hectáreas (un 26,61% más que la media de las superficies afectadas en los últimos diez años, durante el mismo periodo)
Porcentaje de la superficie afectada en relación a la superficie forestal nacional: 0,259%


En 2017, a la gran cantidad de incendios que se produjeron en Asturias durante el invierno, tenemos que lamentar uno de los primeros grandes incendios del verano que ha arrasado Doñana: aunque no afectó al Parque Nacional, impactó de lleno en el Parque Natural. Doñana es Patrimonio de la Humanidad, hogar de animales en peligro de extinción, como el lince ibérico, parte de cuyos hábitats han quedado calcinados. El incendió ha arrasado más de 8.000 hectáreas de monte bajo y pinares que han quedado convertidas en cenizas, y miles de desalojados de sus casas ante la amenaza de un fuego que resultó muy difícil de controlar por las condiciones meteorológicas.

Evolución del fuego en España:

2012 fue un año negro, con un verano caluroso y seco, los incendios forestales fueron devastadores.

2014 2013  fueron años de “tregua”, un espejismo fruto de las favorables condiciones metereológicas,

2015  fue un año de repunte de incendios: los de Quesada (Jaen), Luna (Zaragoza) y el de Acebo (Sierra de Gata – Cáceres) fueron desastres que no podremos olvidar, todos ellos, grandes incendios forestales.

En 2016, los grandes incendios dejaron una herida profunda: en agosto, el fuego devoró el 7% de La Palma, llevándose la vida de un agente forestal. El fuego se cebó con la Comunidad Valenciana (con 4 grandes incendios) y con Galicia (con 9 grandes incendios y más de 20.000 hectáreas afectadas).

Al final de la “temporada alta de incendios” en septiembre de 2016, se habían registrado 7.305 incendios forestales (un 34% menos que la media de los últimos diez años, durante el mismo periodo)​, 20 de ellos, eran grandes incendios (con más de 500 hectáreas quemadas). Tras el verano, la superficie forestal afectada era de 59.065,74 hectáreas (un 32% menos que la media de las superficies afectadas en los últimos diez años, durante el mismo periodo).

Las causas de esta virulencia

El incremento en la “combustibilidad” de nuestros montes debido al despoblamiento rural, el abandono de las actividades tradicionales, la falta de inversión y la ausencia de políticas serias que gestionen el territorio de forma ordenada y sostenible, ha llenado España de potenciales “bombas forestales”.

Las previsiónes no son buenas y la sequía que sufre España no va a poner las cosas fáciles a los equipos de extinción este año. Una chispa prende y arrasa a toda velocidad hectáreas, sin dejar tiempo de reacción a los cuerpos de contención del fuego que luchan sin descanso y a contrareloj contra frentes de llamas imparables.

LA MANO DEL SER HUMANO ESTÁ DETRÁS DEL 96% DE LOS INCENDIOS. EL 55% ES INTENCIONADO Y EL 23% SE DEBE A NEGLIGENCIAS

Las secuelas del incendio forestal en Doñana en imágenes

Desde WWF llevamos años advirtiendo sobre el peligro de esta nueva generación de incendios y la necesidad de prevención.

Hay que cambiar la forma en que afrontamos los incendios. El modelo de los años 90 ya no sirve.

En el último informe, advertimos de que este tipo de problemas está poniendo en riesgo, no sólo a la naturaleza y los animales, sino también a las personas. El fuego amenaza viviendas aisladas, urbanizaciones o pueblos, complicando enormemente las labores de extinción.

Informe 2017: “El fuego a las puertas”. Un análisis sobre una alerta civil

La virulencia de los incendios forestales, que algunos expertos están denominando como de “sexta generación” por su dimensión y rápidez de expansión, nos han llevado a centrar el informe de incendios forestales de 2017 en lo que se conoce como “interfaz urbano forestal”.

El urbanismo caótico y el abandono de los montes han convertido los incendios en una emergencia civil. Los incendios forestales, cada vez más virulentos y destructivos, afectan de modo creciente a la población. Los desastres en Doñana y la tragedia humana de Portugal, con 64 fallecidos, confirman esta preocupante tendencia.

Enlace del informe:  

Fuego a las puertas. Informe WWF

Bomberos Forestales. Héroes de 900 euros al mes

 

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Los mapas que demuestran que España está cometiendo un “suicidio hídrico”


En Europa, parece bastante claro que los países de la cuenca mediterránea nos llevaremos la peor parte en los efectos del cambio climático, sobre todo en lo que respecta a nuestro recurso más valioso y escaso: el agua. Deberíamos prepararnos para lo que viene, asumiendo una situación en la que el agua será cada vez más escasa, pero en España hemos decidido ir a contracorriente.

Estos dos mapas, presentados en diciembre por el Joint Research Centre de la Comisión Europea en una conferencia sobre el futuro de la Política Agraria Común, son una muestra cruda y obvia de que estamos hipotecando nuestro futuro. El sur y este de España destaca como una señal de emergencia en el mapa de la evolución del índice de explotación del agua, un indicador que estima cuánta agua se usa en relación a lo que hay disponible. En ninguna región de Europa están usando de forma menos inteligente sus recursos hídricos.

Si ya estamos sobreexplotando el agua, resulta evidente que será imposible adaptarnos a los efectos del cambio climático. En el segundo mapa, con un escenario de incremento de la temperatura de 2 grados, la situación es muy grave para la cuenca mediterránea y prácticamente para todas las zonas de nuestro país.

Ante una situación de escasez creciente, nuestro mayor seguro son ríos, humedales y acuíferos en buen estado. Para conseguirlo no sirven sólo soluciones tecnológicas. Además de hacer un uso más racional y eficiente de los recursos hídricos, sólo queda una solución: reducir la demanda de agua. En España en torno al 80% del agua se destina a la agricultura, y seguir apostando por el aumento del regadío sin tener en cuenta otras opciones (solo en la cuenca del Ebro se pretende aumentar la superficie regada en casi medio millón de hectáreas) es un suicidio hídrico. Seguiremos trabajando para que las administraciones despierten ante la realidad, y dejen de hipotecar el futuro de todos.

Por Rafael Seiz, Programa de Aguas y Agricultura de WWF España.

Fuente: https://www.iagua.es/

 

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